Hace unos días se publicaba la noticia de que los bancos iban a emplear la mitad de los fondos públicos de rescate para el reparto de dividendos entre accionistas.

A veces se ha considerado benévolamente que los bancos eran unos bandoleros: nos asaltan y nos roban una comisioncilla por aquí, unos intereses por allá… Nos dejamos porque quién mejor va a cuidar de nuestro dinero. Y al fin y al cabo el bandolero siempre ha tenido su prestigio social.

Pero nada más lejos de la realidad. Yo lo llamaría tocomocho: nos quieren colar un billete de lotería falso como si fuera el gordo y los gobiernos de turno hacen de gancho.  O directamente extorsión: si no les pagamos sus lujos nos amenazan a los demás con la ruina.

Pero ya está bien. Que quiebren de una vez todos los bancos, salgamos a quemar en las plazas nuestros exiguos ahorros y quedémonos con nuestras casas hipotecadas. No los necesitamos.

Aquí tienes más información sobre el rescate, el saqueo final de Bush, en un artículo de Naomi Klein en La Haine.

Hoy al pasar por delante del super del barrio me aborda una señora pidiendo un aportación para el Domund, que la verdad, ni sabía que siguiera existiendo. Inmediatamente he imaginado que las aportaciones de los solidarios vecinos irían destinadas a reflotar algún banco en quiebra y a paliar el hambre de los banqueros en los comedores sociales del Ritz.

Lo ilustra genialmente la viñeta de El Roto en El País:

 

¡Más programas sociales para ricos!

¡Más programas sociales para ricos!