Más programas sociales para los ricos
18 Octubre 2008
Hoy al pasar por delante del super del barrio me aborda una señora pidiendo un aportación para el Domund, que la verdad, ni sabía que siguiera existiendo. Inmediatamente he imaginado que las aportaciones de los solidarios vecinos irían destinadas a reflotar algún banco en quiebra y a paliar el hambre de los banqueros en los comedores sociales del Ritz.
Lo ilustra genialmente la viñeta de El Roto en El País:
Redadas racistas en Lavapiés
12 Octubre 2008
El pasado lunes 6 de octubre vimos una vez más cómo la policía paraba y pedía papeles a muchos de los vecinos del barrio. No a todos, a mí por ejemplo nunca me los han pedido, sino a aquellos que por el aspecto parecían proceder de un país extranjero, fundamentalmente del sur, porque ninguno tenía tampoco pinta de sueco. Algunos de ellos son elegidos, en torno a veinte, y colocados en fila en una de las paredes de la plaza de Lavapiés, custodiados por un fuerte dispositivo policial, a la espera del furgón que se los llevará yo no sé bien con qué destino.
Y no es la primera vez que presenciamos esta imagen. Yo me he topado con ella todos los meses. E imagino que en otros barrios debe ser también una imagen corriente. Normalmente la hemos contemplado con una mezcla de impotencia y vergüenza. Yo siempre he pensado que llegará el día en que miraremos atrás y nos avergonzaremos de haber mirado hacia otro lado durante tanto tiempo, de haber pasado impasibles frente al trato vejatorio recibido por personas que nos cruzamos cada día al ir a comprar el pan. Igual que en los documentales sobre la Alemania nazi escuchamos los testimonios de decentes ciudadanos que no quisieron ver lo que pasaba a su alrededor.
En esta ocasión nos congregamos frente a la escena más gente de lo habitual, casi dos centenares. Observábamos e increpábamos a la policía por un comportamiento racista que nos parecía intolerable. Por seguir las órdenes de una política y una legislación racista, xenófoba y clasista. Algunos policías se justificaban diciendo que cumplían órdenes, y es posible que algunos policías también sientan vergüenza por lo que están ejecutando, como han declarado recientemente. Gritábamos: “No son delincuentes, son nuestros vecino”, “Ningún vecino, desparecido” o “Lo llaman democracia y no lo es”.
Al cabo de una hora llegó el furgón en el que se los iba a llevar. Hubo un leve intento de ocupar la calzada para impedirlo, algunos empujones y finalmente el furgón que se va con nuestros vecinos. Y lo que queda es la sensación de impotencia y vergüenza. La sensación de vivir en una dictadura donde la vida la gente en realidad vale muy poco.
Hay un vídeo en Youtube que puede valer para ilustrar mi comentario (actualización):
Más información en:
- La Haine
